El arte de la presencia en consulta: Más allá del diagnóstico y la técnica
Ejercer la psicología clínica en la consulta particular es un desafío constante. Al iniciar un proceso, nunca estoy del todo preparada para quien está por cruzar la puerta; solo sé que la mayoría de las personas llegan movidas por una queja o por una preocupación profundamente humana. En esos primeros instantes, resulta inevitable preguntarse si lo que he aprendido en el ejercicio y la formación profesional tendrá un sentido real para quien viene a buscar ayuda. Ante esa incertidumbre, de lo único que puedo estar segura es de mi intención: intento ser lo más auténtica y responsable posible en cada proceso terapéutico.
El instante en que algo cobra sentido
Recientemente, inicié el acompañamiento de un paciente diagnosticado con un trastorno del ánimo. Estábamos en esas primeras sesiones dedicadas a conocernos, construir un vínculo seguro y explorar los rasgos de su personalidad y su funcionamiento actual.
Hoy ocurrió algo hermoso. Vi en sus ojos ese destello imborrable donde algo, de pronto, cobra sentido. En ese momento se estaba descubriendo más allá de su historia de vida y más allá de los condicionamientos que parecían haberlo determinado. Con una apertura incipiente pero poderosa, comprendió que aunque el pasado es inmodificable, su forma de habitar el presente puede ir cambiando en función de sus propias necesidades. Surge entonces una interrogante fundamental: ¿cómo puede una herramienta o un espacio terapéutico transformar la percepción que una persona tiene de sí misma?
Ofrecer un refugio frente al dolor
Al terminar la sesión, me aseguré de mostrarle mi disponibilidad para que pueda confiar. Mostrarle que ser psicóloga clínica no es sólo aplicar una técnica, sino un compromiso de vida. Y esto cobra un valor especial cuando se acompaña a alguien que aprendió, en gran medida, a no sentirse digno de existir, a no confiar y que, cada tanto, conecta con su propio instinto de muerte (Thanatos). Desde mi experiencia, resulta profundamente gratificante acompañar en el camino a quienes necesitan conectar con un sentido de vida: comprender juntos su historia, descifrar su forma de estar en el mundo y contribuir a su estabilidad emocional.
La autenticidad como camino
Te acompaño desde la honestidad, la autenticidad y el compromiso. Pero, sobre todo, desde la convicción de que resulta transformador develarnos ante nosotros mismos en un entorno donde se permiten los aciertos y los errores; un contexto donde, finalmente, puedes darte el permiso de ser tú mismo.
Hoy la invitación es sencilla, pero profunda: trátate con más amor y con menos crítica.